Las hojas de colores…

Por razones de trabajo y de prioridades supongo…casi nunca viajo en otoño, mis viajes normalmente son en verano o en invierno…no me malentiendas, no me estoy quejando…me encanta tanto la playa y el sol como el frio y la nieve, simplemente creo que tengo bastante olvidadas a las famosas estaciones de primavera y de otoño. El año pasado descubrí por primera vez la bondad de viajar en primavera (ya lo contare en otro post…) pero el día de hoy, lo que me ocupa es el otoño…

Hace unas semanas, cuando se acabó el sol de verano y tuve que empezar a abrigarme en las noches y esas cosas… me di cuenta de lo mucho que he aprendido a apreciar los cambios de estación últimamente. En México (por lo menos en la capital) los cambios de temperatura no son muy fuertes, no tenemos un armario de ropa de invierno y otro de verano y no vivimos pensando en aprovechar todas las horas de sol del día porque en invierno no habrá…eso lo he aprendido aquí en Barcelona, y eso que aquí tiene uno de los climas menos extremos de Europa

En realidad, una de las cosas que más me gusta y mas disfruto del otoño es el típico tópico de las hojas que caen de los árboles y llenan las calles y los bosques  de mil colores…sin embargo, pensándolo fríamente, esto solamente lo he visto unas muy pocas veces en mi vida…porque, a menos de que alguien pueda decirme lo contrario, los colores de los arboles en otoño no son igual de bonitos en los países del norte que en los países templados…

El recuerdo más vivido que tengo de esto (el cual siempre me genera estas ganas de viajar al norte en otoño) es el que tuve hace algunos años cuando estudiaba en Estados Unidos y aproveche el segundo fin de semana de noviembre para irme a pasar unos días a las Cataratas del Niágara en Canadá…este viaje fue increíble, quizás en otro post lo contare (no en el mismo donde hablare de la primavera por supuesto!)…La magia de ese viaje de otoño comenzó a la mitad del vuelo, cuando, por razones climatológicas o estratégicas de vuelo que yo desconozco totalmente, a la altura de los grandes lagos de Michigan, el avión empezó a volar muy bajo y yo, como fiel adicto a la reserva de asientos con ventana (ya sea en avión, bus, tren, coche o burro!), no despegue la cara ni un momento del vidrio…los colores del bosque me volvieron loco….comenzando con los arboles todavía verdes, hasta llegar a los rojos, pasando por toda la escala de colores amarillo y naranja que se le pueden ocurrir a alguien, si a esto le sumas los reflejos y los colores que se veían en los lagos…puedo decir que ese sólo viaje en avión valió lo que había pagado por todo el viaje

Este año, nuevamente, no podré tomarme días de vacaciones en otoño…y cada que veo un árbol amarillo me entran unas ganas terribles de tomar un avión y escaparme a ver hojas de colores a algún paraíso otoñal…¿donde es eso? No lo se…quizás Escandinavia….quizás Alemania…quizás Escocia o Rusia!!!…..no lo se…espero que algún día pueda escribir un post sobre  los mejores lugares para visitar en otoño…por lo pronto este año no será…

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